Sin Ministro de Economía en Argentina

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El Ministerio de Energía negoció que el incremento de las naftas de ocho por ciento no sea en el último mes del año y empiece a regir desde el primer mes del nuevo año. El Ministerio de Salud decidió que las compañías de medicina prepaga suban las cuotas a los afiliados en un seis por ciento en el mes de febrero. Un ministro de Economía habría analizado y aconsejado en qué momento era el mejor instante para aplicar esos ajustes teniendo presente las proyecciones de inflación de dos mil diecisiete, variable clave para ordenar la política de ingresos.

Mas el gobierno de Macri no lo tuvo con Alfonso Prat Gay a lo largo de 12 meses y con su desplazamiento escogió fragmentar todavía más el manejo de un área altamente sensible. Nombró al economista pluriempleo Nicolás Dujovne como secretario de Hacienda con cargo de ministro reportando a 2 vicejefes de gabinete. Es la máxima humillación funcional famosa hasta el momento de un puesto relevante. Resolución que hasta fervientes macristas consideran desatinada. Es una experiencia de gobierno especial hacer desaparecer el Ministerio de Economía. El departamento oficial de publicidad público-privado propaga que ahora Macri va a ser el responsable de la economía, tal y como si ser presidente no incluyese esa responsabilidad. Al unísono promociona que esa labor va a ser acompañada por una troika de la Jefatura de Gabinete (Marcos Peña, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana). Esta no administración de la cuestión económica es disfrazada como “trabajo en equipo”. El saldo de esa estrategia en dos mil dieciseis ha sido malísimo reflejado en la evolución de variables macroeconómicas, con una recesión persistente y que es ya más pronunciada que la última de dos mil catorce.

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La descoordinación en la administración de la economía es una de las peores señales para orientar las esperanzas de los primordiales agentes económicos. Con la meta de tener un buen comportamiento electoral, la apuesta central del macrismo es que la economía arranque con una tasa de inflación controlada. Consultores de la city que desean tanto que la economía macrista funcione hasta relativizar el derrumbe de la actividad, apuntan que comenzar el año con un incremento en las naftas no es una medida aconsejable tras esa meta político-electoral. El ajuste en los comburentes define un piso elevado a la inflación de enero que condicionará la alteración anual de ese esencial indicador del humor social.

El incremento en las naftas gatillará una segunda ronda de levantas de costes provocada por ese ajuste inicial. De esa forma la economía sostendrá una inercia de indexación de costes que distanciará el propósito oficial de una inflación del diecisiete por ciento anual, tasa fijada en el Presupuesto y definido por el Banco Central en el esquema Metas de Inflación. Ese salto en los costos que entonces se trasladan a costes fue advertido por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas. Mienta que en un escenario complicado por la caída de la actividad -el consumo de diesel bajó nueve con cinco por ciento interanual y el patentamiento de camiones descendió quince con cero por ciento-, el incremento de ocho,0 por ciento en comburentes va a tener un impacto mínimo de tres puntos en el índice de costos de transporte que realiza esa cámara empresaria. La secuencia es conocida: sube las naftas, se acrecienta el costo del transporte de mercancías y aumenta entonces el costo al consumidor.

Un ministro manejando el extenso tablero de la macroeconomía con criterios técnicos y político-electorales hubiera podido aconsejar anotar el ajuste de comburentes en el mes de diciembre en un año donde la muy elevada tasa de inflación ya estaba incorporada como dato negativo. Mas no hay ni va a haber por el momento ese ministro en un gobierno que prosigue promocionando el trabajo en grupo cuando sus miembros charlan mal unos de otros. Es una labor difícil que ese estilo de administración del poder pueda liderar una política económica consistente. Voceros diligentes han evaluado como un hecho positivo que la salida de Prat Gay no haya generado ruidos en el mercado financiero y lo explican diciendo que el albacea de la suerte de Amalita Lacroze de Fortabat “no manejaba la economía”. Es decir, había un ministro que debía encargarse de la economía que no intervenía en su área de responsabilidad. Este despropósito va a tener otro capítulo más con un reemplazante que va a tener todavía menos atribuciones.

El Ministerio de Energía hizo otro aporte para sumar tensiones inflacionarias a inicios de año. Habilitó el incremento de las tarifas de luz y gas desde febrero. De esa manera el ministro Juan José Aranguren nutrirá en el primer mes del año (naftas) y febrero (tarifas) la tasa de inflación. Sin ministro de Economía, el resto del gabinete se acomoda en función a proteger los intereses de su ámbito. En el caso de Aranguren, los de las petroleras y compañías de energía. Esta descoordinación tiene sus costos que se reflejan en malos indicadores económicos generales.

Otro ministerio hizo su contribución para desalinear una de las variables clave del ordenamiento de las esperanzas. El de Salud autorizó otro incremento en la cuota de las prepagas para febrero sumando otro factor de indexación. Intervino de esa manera en la confusa política de ingresos del macrismo. Determinar un piso inflacionario elevado en el primer trimestre del año condicionará la negociación igualitaria dos mil diecisiete.

La canibalización del área económica es sorprendente. Energía maneja el tema tarifas; Interior, la obra pública y la relación con las provincias; Agricultura, el vínculo con el campo distribuidor de dólares estadounidenses para una economía que tiene eminentemente esa restricción; Producción administra el comercio exterior y el diálogo con las empresas; Desarrollo Social, el control y asignación de recursos para conjuntos vulnerables; Trabajo define la política con el sindicalismo y las paritarias; el Banco Central decide el nivel de la tasa de interés y el género de cambio. Para avanzar en esa desintegración funcional de Economía, Macri dio jerarquía de ministerio a 2 secretarias: Hacienda, que solo monitorea la distribución del gasto público; y Finanzas, que se dedicará a producir deuda.

Desapareció de esa forma el Ministerio de Economía. En ese túnel cara lo ignoto ha lanzado Macri la administración económica. Si hay que guiarse por los resultados logrados hasta el instante se semeja mucho a un obscuro callejón.

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